“Cuando empecé a pensar en mi futuro, empecé a respetarme a mí misma”

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Hola, tengo 27 años y soy de Argentina. Quería compartirles mi testimonio. Hace aproximadamente un año sigo la página de La Opción V y sinceramente estoy muy agradecida, porque me ha ayudado mucho a madurar y crecer espiritualmente. Escuché las charlas del Padre Jurgen en YouTube y sentí, en mi corazón, la necesidad de compartir mi historia a otros jóvenes que tal vez sintieron o pasaron lo mismo que yo.

Crecí en una familia católica. Todos íbamos siempre a Misa, a excepción de mi papá que, a pesar de ser bautizado, no cree en Dios. Siempre tuve en claro la importancia de la virginidad, ya que mi madre y mi abuela me hablaban frecuentemente del respeto y del valor que nos debemos de tener.

Mi relación con Dios no era muy profunda, a pesar de estar en un colegio católico. Sin embargo, a finales de mi adolescencia, me invitaron a un Retiro Espiritual que me acercó más al Señor. Lastimosamente, en ese tiempo, pasé por una situación difícil. Me enteré que mi padre mantenía una relación extramatrimonial. Esto fue muy doloroso para mí y me debilitó bastante. La imagen que tenía de él cambió radicalmente.

Al ingresar a la universidad me mudé a la casa de unos familiares que tengo en la capital y empecé conocer nuevas personas. Hice nuevos “amigos”, pero lamentablemente me sentía “la rara” del grupo, ya que tenía una visión sexual distinta a la de ellos. Eso hizo que me empezara a sentir tonta, porque la mayoría de mis compañeras ya habían tenido experiencias sexuales, algunas desde los 13 años y otras desde los 15. En cambio yo nunca había experimentado el contacto físico con alguien. Ellas siempre mostraban sentirse orgullosas de tener ese estilo de vida y contaban lo bien que lo pasaban.

A los 19 años un amigo muy cercano me confesó que yo le gustaba. En ese momento me sentí muy feliz y le dije que yo también sentía lo mismo. Me invitó a tomar la merienda en su departamento. Como yo lo conocía desde hace mucho tiempo y le tenía confianza, acepté ir sin sospechar siquiera en lo que me estaba metiendo. Ya en su departamento me empezó a decir palabras bonitas y muchos cumplidos. Después de eso me dio un beso y nos abrazamos. Luego quiso avanzar más, pero yo me negué. Él sabía que yo no había tenido una relación antes y me preguntó si había posibilidades de tener sexo una vez que empezásemos a ser enamorados. Al escucharle decir eso me sentí muy mal, porque en ningún momento pensé que actuaría así conmigo, más aún cuando yo lo conocía bastante (o al menos yo pensaba que lo conocía). Ese día, regresé decepcionada a mi casa, ya que nunca pensé que me haría una pregunta tan grotesca. No podía creer que esas fueran sus intenciones.

A los pocos días me pidió disculpas por lo que había pasado, pero al final la amistad que teníamos (o creíamos tener) se terminó. Esa experiencia me sirvió para conocer mejor a las personas y sus intenciones. Con el tiempo me di cuenta de lo ingenua que había sido al ir a su casa y entendí que él había malinterpretado mi aceptación. A raíz de eso empecé a desconfiar bastante de los chicos y preferí estar sola. Me dediqué a estudiar y solo salía con mis amigas y amigos.

A los 21 años empecé una relación amorosa con un chico muy bueno. Él tenía 25 años. Al principio, todo marchaba bien y pasábamos bastante tiempo compartiendo. Pero al pasar los días él empezó a hablarme sobre las experiencias sexuales de sus amigas. Me preguntaba sobre lo que pensaba acerca de eso. Yo le dejaba en claro que a mí no me parecía bien lo que ellas hacían. Con el paso del tiempo los abrazos y los besos que nos dábamos se volvieron más intensos. Un día me propuso ir a “ver películas en su casa”. A pesar de que sospechaba sus malas intenciones acepté su propuesta sin decir nada. Yo me sentía muy insegura, pero igual fui. Él se dio cuenta de mi incomodidad y no volvió a tocar el tema.

Con el tiempo empezamos a pelear porque no nos veíamos y decidimos terminar con la relación. Ahora pienso que como no logró tener relaciones sexuales conmigo, se aburrió.

En las reuniones con mis compañeras no me sentía bien conmigo misma. Me veía diferente a las demás y empecé a pensar que tenía algún trauma que me impedía tener relaciones sexuales. A pesar de que la virginidad era muy valiosa para mí, me sentía extraña al ver que todas tenían relaciones sexuales con sus novios. Mis “amigas” sabían que yo era virgen y en una de las reuniones de estudio se empezaron a burlar y a reír de mí, diciendo: “No nos gustaría estar en tu lugar y llegar, como vos, a los 20 y no conocer el sexo”. Al escucharlas, rompí en llanto, porque me sentía muy débil e impotente. Al fin y al cabo, era mi vida y yo tenía la libertad de hacer con ella lo que quisiera.

Por otro lado, por si fuera poco, la relación de mis padres se estaba destruyendo por la infidelidad de mi papá. Todo se acumuló y empecé a creer que el sexo era lo fundamental en una relación. Pensaba erróneamente que mi padre había buscado en otra mujer lo que mi madre no le pudo dar y que, al fin y al cabo, llegar virgen al matrimonio no garantizaba nada y que lo único que realmente importaba era satisfacer sexualmente a tu pareja.

A los 23 años conocí a un chico de mi misma edad. Después de un tiempo empezamos una relación amorosa. Me gustaba el trato que nos dábamos porque hablábamos mucho. Él, así como yo, tenía problemas en casa. Pasaba una situación similar a la mía. Nunca antes había conocido a alguien que pasaba por lo mismo que yo. Sentía que no estaba sola, que él me podía entender y que ambos nos podíamos apoyar. Sin embargo, conforme pasaba el tiempo, los abrazos y besos se volvieron apasionados. Como confiaba mucho en él, permití las caricias subidas de tono y nos empezamos a tocar. Recordé el “problema psicológico” que creía tener y sentí la “necesidad de probarme”. Quería saber si en verdad tenía algún problema sexual o psicológico. Al final no llegó a haber penetración pero experimenté un orgasmo.

A partir de eso mi relación con Dios cambio mucho. Me alejé de Él y me sentía distinta. Me convertí en una persona indiferente y egoísta, que se centraba solo en sí misma. Empecé a tener conflictos con mi enamorado. Nos volvimos muy celosos e inseguros. No confiábamos el uno en el otro. Nuestra relación se empezó a centrar en lo físico, tanto así que solo nos buscábamos para eso. Él siempre quería ir más allá, pero yo solo le permitía tener “juegos sexuales” conmigo.

Empezamos a depender el uno del otro. Había mucha manipulación. Yo bajé mi rendimiento académico en la universidad y dejé de ver a mis amigos. Después de muchas peleas y de haber recibido consejos de algunas personas, decidí terminar con la relación porque nos estábamos haciendo mucho daño. Se había perdido totalmente el respeto y el diálogo que había al inicio.

Entonces empecé a acercarme otra vez a Dios y me confesé. Pero a pesar de haberme confesado, extrañaba tener contacto físico con alguien. ¡Ya se me había vuelto ”una necesidad”! Por eso, a falta de un enamorado, empecé a masturbarme y ver pornografía.

Al darme cuenta de lo que hacía, me sentía sucia y mal conmigo misma. Mi autoestima estaba por el piso. Trataba de recapacitar, me arrepentía y me confesaba. Dios, en su infinita misericordia, siempre me perdonaba; pero en menos de dos meses volvía a caer. ¡Me resultaba tan difícil salir de eso!

Para las personas que creen que solo los hombres ven pornografía, están equivocadas. Hay muchas mujeres que lo hacen y lo sé porque conozco a otras chicas que también se han vuelto adictas.

A partir de lo sucedido, empecé a leer los testimonios de La Opción V. Al hacerlo, sentía que no estaba sola y con la ayuda de libros recomendados fui investigando acerca de los daños psicológicos que traía la masturbación y la pornografía. Todo lo que pude leer me ayudó a recapacitar. Sin embargo, mi debilidad era tan grande que volvía a caer, hasta que decidí ir una hora a la semana a la Adoración al Santísimo.

Además, cada vez que recibía el Cuerpo del Señor en la Eucaristía, le contaba lo que sentía, mis miserias y mi anhelo de recuperar mi pureza. Asimismo, le pedía fortaleza para poder borrar las huellas profundas que había dejado en mí toda la pornografía que había visto.

Cuando empecé a pensar en mi futuro, quise respetarme a mí misma, deseé tener un buen matrimonio y una linda familia; pero para eso debía cambiar, tenía que ejercer autocontrol, empezar a esperar a mi futuro esposo y respetar mi cuerpo.

En mis encuentros con Jesús en el Santísimo sentía mucha paz. Todos los vacíos que tenía dentro se iban llenando de un amor único. Dios hizo que me diera cuenta que sin tener contacto físico con alguien ni perder mi dignidad puedo sentirme completa.

Así llegó el día en que opté por confesarme nuevamente. Le conté al sacerdote mis pecados con lágrimas en los ojos. Confesé todas las caídas que había tenido. Las miradas de los distintos sacerdotes con los que conversé transmitían solo amor y misericordia. Empecé una nueva vida. Después muchísimas caídas, supe levantarme. Dios me llenó de fortaleza para esperar a la persona indicada y de gracia para saber respetar mi cuerpo. Confío en que Él pondrá en mi camino a alguien con quien pueda vivir un amor casto y puro.

Para terminar, amigas y amigos, desde mi experiencia quiero decirles que SÍ se puede vivir la castidad. A pesar de haber caído muchas veces, Dios me fortaleció. Por eso, no se desanimen. Si se caen, ¡levántense! La paz que van a sentir después de eso no se compara con nada. Con la ayuda de la gracia de Dios, todo es posible.

Hoy, gracias al amor que recibí al ir a la Adoración del Santísimo, al Sacramento de la Confesión y al participar de la Comunión, mis heridas se sanaron. Ahora estoy llena de AMOR INFINITO.

V.N.C., 27 años, Argentina.

Testimonio escrito para La Opción V

* ¡Este Blog es un espacio creado para ti! Tú también puedes enviarnos tus preguntas, testimonio o reflexiones a laopcionv@gmail.com, con nuestro compromiso de guardar tu identidad en la más absoluta reserva. Con tu colaboración y participación podremos ser cada vez más quienes creemos que el amor verdadero sí existe, y que el camino para alcanzarlo es la castidad!

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5 comentarios

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5 Respuestas a ““Cuando empecé a pensar en mi futuro, empecé a respetarme a mí misma”

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  4. Cari

    Tu testimonio me ha ayudado mucho!! gracias La opción V porque siento que Dios me ayuda a través de uds!

  5. alejandra

    gracias de verdad me hizo muy bien leer esto la verdad mucho de lo que a vos te pasa a mi me pasa actualmente que saber que se puede salir es algo re grande saber que alguien entiende como entiende como me siento

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