¿Qué hacer si la relación me hace daño? Tips y consejos…

relaciones dañinas 2

Una joven de diecisiete años decidió terminar la relación con su enamorado porque él no la ayudaba a guardar su pureza. La relación ya le había hecho mucho daño. Él sabía que ella había hecho un compromiso de guardar su virginidad hasta el matrimonio, pero eso no le importó. Con sus manipulaciones y sutiles presiones finalmente obtuvo lo que quiso: robarle su virginidad. Roto el límite, volvió a suceder, a pesar de que ella —en frío— no quería volver a hacerlo. Él no respetada su deseo, así que ella sabía que terminar la relación era lo que tenía que hacer si no quería seguir en lo mismo. ¿Cómo terminar con alguien a quien quieres y a quien ya has entregado todo? Tomar la decisión no fue fácil y pasados ya dos meses se mantiene firme en su decisión. Sin embargo, no logra olvidarlo: «No me siento tan bien, a veces tengo ganas de llamarlo y decirle que lo extraño, pero sé que si lo hago, volveremos a lo mismo, ¡y no sé qué hacer para sacarme esto que siento!».

Ella no es la única. Otra joven de dieciocho años que hizo una promesa de guardar su virginidad para su futuro esposo está en la misma lucha. Ella logró terminar la relación antes de entregarle todo a su enamorado. Él ya había tenido relaciones sexuales antes y se venía de un proceso de recuperación por adicción a las drogas. En un momento empezó a presionarla, incluso le llegó a decir que él no podía «esperar diez años hasta casarnos». Estuvo muy tentada de entregarse, pero no lo hizo. Decidió terminar la relación antes de pasar “al siguiente nivel”. Ha pasado más de un mes y ella sigue pendiente de todo lo que dice o hace. Si bien ya no se comunicaba con él por teléfono o mensajes, había sido incapaz de eliminarlo de su Facebook. ¿Su excusa? «Él me ha dicho que si lo elimino soy una inmadura». Pero esta es la verdad: «Es que no quiero sufrir». Es decir, eliminarlo de sus “amigos” en Facebook, bloquearlo, es semejante al momento en el que se entierra un muerto: se sufre, porque es el signo claro y palpable de una separación definitiva. Luego de “patalear”, de querer justificar la “necesidad” de tenerlo como “amigo” en Facebook, ha logrado eliminarlo. Le costó, pero lo hizo y ahora se siente libre y feliz por eso, por haber logrado algo que se creía incapaz de hacer. Sin embargo, sus amigas le siguen contando de él: «Me enteré que habla con la chica con la que antes coqueteaba y una amiga me comentó: “te apuesto que van a terminar estando, fácil porque está despechado”». Su mejor amiga le ha dicho que él es un patán, pero ella aún sigue preocupada porque no termine nuevamente en drogas o malogre su vida. Es decir, aún cuando sabe que ese chico no le conviene y que la relación ya terminó, ella sigue pensando en él, preocupada por él, incapaz de dar vuelta a la página.

Otra joven de dieciocho años está pasando por el mismo sufrimiento. Luego de un año de relación se sentía emocionalmente tan unida a su enamorado que no podía estar sin él, no podía vivir ni respirar sin él. Su dependencia era total. Las cosas empezaron a ir mal, y ella sentía que él ya no la amaba como antes. En un momento de desesperación, por no querer perderlo, se olvidó de su propósito de guardar su virginidad hasta el matrimonio y decidió que la solución era entregarse sexualmente a él. Pensaba que era «la única manera de mejorar la relación» y quedarse con él, así que se lo ofreció. Cuando estaba a punto de suceder, reaccionó, lo apartó y se puso a llorar. Él le dijo: «perdóname, te mereces a un chico mejor que yo». Al poco tiempo él le terminó la relación ¡por teléfono! Ni siquiera tuvo la decencia de darle la cara. Para ella fue peor que si se hubiera muerto. Han pasado tres meses, sigue sufriendo muchísimo y le cuesta dar la vuelta a la página, mientras que él parece que ya olvidó todo. También ella lo ve a diario en la universidad, pues están en el mismo salón. Es imposible no escucharlo cuando en voz alta le comenta a sus amigos de sus últimas aventuras del fin de semana. En esos momentos es como si le removiesen una y otra vez el puñal que le han clavado en el corazón.

Otra joven universitaria de diecinueve años terminó una relación de nueve meses, porque aunque adoraba los momentos que pasaba con él —era tranquilo, generoso y muy tierno—, cambiaba de personalidad cuando estaban en grupo con sus amigos. Entonces se convertía en alguien burlón, egoísta y duro, y sentía que realmente a él, ella no le importaba. Nunca entendió por qué él se dejaba influenciar tanto por sus amigos, por qué prefería incluso maltratarla y ofenderla a ella para quedar bien con sus amigos. Confundida por esta doble actitud, decidió terminar la relación. No le fue fácil, le dolió demasiado, lloró muchísimo noche tras noche, algunas veces pensó en correr y regresar con él, pero se mantuvo firme en su decisión porque tenía claro que más allá de todo lo que lo quería primero estaba su dignidad como mujer. Ya han pasado algunos meses, el dolor ha amainado y está más tranquila. Ahora comprende que de haber vuelto a buscarlo nada habría cambiado, antes bien, seguiría emocionalmente esclavizada a un hombre que era incapaz de sacar la cara por ella ante sus amigos.

¿Te has identificado con la historia de alguna de ellas? No me sorprende, pues como ellas ¡hay miles! La verdad es que no es fácil terminar una relación con una persona a la que quieres mucho pero sabes que no te quiere igual, o te hace daño, o no tienes futuro con ella. Es más difícil aún cuando se ha entregado tanto, física y/o también emocionalmente. Es tan difícil que muchas ni siquiera tienen el valor o la fortaleza para hacerlo, aunque se sepan usadas. Piensan que ya nadie las va a querer, y a cambio de algo sensual o sexual los usan para llenar un vacío afectivo o emocional.

Hay muchas que tienen el valor y la decisión de terminar —a otras les terminan— pero no soportan el vacío que les deja y lo extrañan tanto que al poco tiempo le mandan un mensaje o le contestan el mensaje que él les manda. Así quedan en encontrase de nuevo, y muchas veces solo para tener cosas sexuales, ya sin compromiso. O sea, ya no les importa ni siquiera estar comprometidos, acaso lo único que quieren es sentir una “conexión” de momento que les hace olvidar todo el sufrimiento de la soledad, de la falta de amor. Viven una ilusión, pues esa relación ya no existe: ahora es tan solo un “ex con beneficios”. Me pregunto: ¿tan solas se sienten, tan vacías, tan “dañadas”, que no les interesa su dignidad, que no son capaces de “soltar el pasado” para construir un futuro en el que puedan ser amadas de verdad?

Volvemos a lo mismo: ¡Qué difícil es olvidar a alguien a quien hemos amado, más aún si le hemos entregado no solo el corazón, sino también el cuerpo!

¿Hay manera de evadir ese sufrimiento y de hacer más fácil una ruptura? ¿Cuál es la salida? ¿Cuál la solución? Ante todo hay que decir que tienes que aceptar que no hay salida fácil. Cuando terminas con alguien porque entiendes que no te ama de verdad, o porque no te conviene porque te está llevando a renunciar a tus propios ideales y estándares, no terminas porque dejas de quererlo o porque deje de gustarte. Debes entender que normalmente el proceso de “independización emocional” es largo, que los sentimientos hacia esa persona no se van de la noche a la mañana solo porque decides terminar la relación, y menos aún cuando es el chico el que decide terminar la relación. En ambos casos —sobre todo cuando él te termina— se asemeja a la muerte de un ser querido y se entra en un proceso largo que necesita su “periodo de duelo”, por decirlo así.

El duelo tiene tres etapas típicas:

  1. La etapa de la negación, de la no aceptación de la realidad. En esta etapa se entra en crisis y perdura hasta que se asimile gradualmente la ruptura. Puede durar horas, semanas o meses. Nos invade una profunda tristeza, acompañada del llanto frecuente.
  2. La segunda etapa es una fase aguda de dolor por la separación, acompañada por un desinterés por todo. La rabia brota y suscita angustia. Es muy difícil deshacer los lazos emocionales que mantienen el vínculo con el ser amado. Este sentimiento va disminuyendo con el tiempo, pero puede repetirse en ocasiones como los aniversarios. Puede durar seis meses o más. En ocasiones, luego de un tiempo y muchas veces por causa alguna caída de la que te cuesta levantarte, él viene nuevamente a tu mente y te tienta a entrar en el círculo vicioso otra vez. En esos momentos de crisis simplemente quieres dejarlo todo y regresar corriendo donde él, o buscas excusas tontas para pensar otra vez en esa situación, en que se puede recomponer, en que ahora puede ser distinto, pensando que «la esperanza es lo último que se pierde».
  3. La tercera etapa es el final del duelo, es una fase de gradual reconexión con vida diaria y de estabilización ante los altibajos de etapa anterior. La tristeza y nostalgia ceden, se produce una “liberación emocional” que permite escribir un nuevo capítulo en la vida, donde es posible experimentar nuevamente la alegría, la felicidad, el gozo.

Pasar por un duelo no es fácil, y hay que entenderlo para no pensar que «nunca va a pasar este dolor», que «es imposible vivir sin él».

Lo que hace más difícil aún pasar exitosamente por un duelo en el caso de una ruptura sentimental es que la persona sigue viva, quizá incluso la vemos todos los días. Mientras que un entierro nos manda el fuerte mensaje de que la separación es definitiva y no hay vuelta atrás, de modo que no queda sino aceptar la realidad, en una relación que se rompe él sigue vivo, y no hay ese claro mensaje de que «no hay vuelta atrás».

Para recuperarse de una mala relación o de una relación que se ha terminado porque no llevaba a nada bueno o no tenía futuro, es necesario completar algunas “tareas”:

a. Aceptar la realidad de que la relación se terminó, y de que no hay vuelta atrás o “nuevas oportunidades”

Cuando decidas terminar una relación, lo primero que debes hacer es una lista de los valores y cualidades que tú esperas que tenga un chico, y por otro lado, una lista de los valores y defectos que tiene la persona con la que estás terminando. Escribe además todas las razones por las que piensas que es correcto terminar, de modo que puedas leer esa hoja cada vez que te den ganas de llamarlo. Ojo: en el momento de leerlas nuevamente ten claro que son las razones que deben hacerte fuerte para mantenerte firme, ¡no una ocasión para torturarte a ti misma con todo lo que alguna vez pasaste! En esos momentos de tristeza, de añoranza, de soledad, no puedes olvidar las razones profundas que te llevaron a terminar una relación que no tenía futuro y que acaso te hizo mucho daño. Si ya has cortado una relación y andas en este tiempo de “duelo”, antes de seguir leyendo, ¡escribe esa lista ahora mismo!

En este periodo debes cortar completamente el contacto: ni llamadas ni mensajes de ningún tipo. A veces tendrás que cambiar tu número de celular, sobre todo si de cuando en cuando él te envía un mensaje o te llama diciéndote cosas o prometiéndote cambios que te llevarán a darle una nueva oportunidad o simplemente a volver a buscarlo.

Si lo tienes en alguna red social como el Facebook, debes eliminarlo o bloquearlo. Si es necesario, cancela tu perfil y crea uno nuevo. Esto es difícil, sobre todo cuando la “curiosidad” te lleve a querer saber cómo está, con quién está, etc. Pero DEBES HACERLO aunque te cueste, aunque te duela. Mantener a tu ex en tu Facebook no es sino fuente de tortura para ti misma, lleva a abrir la herida una y otra vez, impide que cumplas con esta primera tarea de aceptar que la relación se terminó. No alimentes una eterna dependencia metiéndote en la vida del chico, siguiéndole el rastro «para saber cómo está», o cosas semejantes. Simplemente, ¡déjalo ir!

Si has llegado hasta acá, todavía falta lo más difícil: no serás libre mientras sigas atada a todo lo que él te regaló. Debes deshacerte de esas cartas lindas que alguna vez te regaló, de todo aquello que guardas como un “recuerdo de un día especial”, un boleto de lo que sea, un osito que te regaló, una estampita con dedicatoria, un poema, una medalla o anillo, una foto especial… una joven al romper su relación metió todo en una caja, y la llevó a otra casa. Allí tenía esa caja, lejos de ella, sin embargo, cada vez que volvía a esa casa, le daba por ver lo que había allí, le volvía la melancolía, el dolor, el sufrimiento. Tampoco eso es suficiente. Ella nos ha querido compartir su experiencia:

«Recuerdo esa caja, y recuerdo también todo el dolor. Y es que en esa insignificante caja no solo guardaba las cosas que él alguna vez me regaló, sino que estaban guardadas también todas mis ilusiones rotas, todos los recuerdos, los sueños y deseos que tenía en ese tiempo, estaba guardada una pequeña parte de mi vida. Cada vez que la volvía a abrir era como regresar a ese tiempo y volver “a soñar”… Pero luego me topaba con una gran pared: la realidad. Él ya no estaba, y yo no lo estaba dejando ir. Esa caja me seguía atando a él, y algo que aprendí en este tiempo es que hay que desprenderse de las cosas que nos mantienen atadas a un “ex”, sobre todo de las cartas y de los regalos, de todas las cosas materiales que son “recuerdos”. Aunque queramos, no podemos reconstruir nuestras historias con esa caja. Lo esencial ya no está, y sin la esencia las cosas pierden su valor. Es como cuando un hada pierde su brillo, sus polvos ya no funcionan, ya no hay magia… ya no tiene significado. Entonces, ¿por qué seguir aferrándonos a algo que ya no tiene valor?».

Solo serás verdaderamente libre de toda atadura emocional, solo podrás cerrar ese capítulo de tu vida y avanzar al siguiente, si cortas todo “hilo” que te ata y no te deja volar: quema las cartas, regala o deshazte de todo ello de tal manera que no puedas volverlos a ver nunca más. ¿Exagerado? ¿Demasiado difícil? Pues no hay otra manera de curar tus heridas y quedar libre.

Por otro lado, tampoco conviene que vayas a los sitios donde probablemente él estará, porque estás vulnerable y es probable que al verlo nuevamente actúes o reacciones de una manera no adecuada, totalmente opuesta a lo que habías decidido “en frío”. Esta tarea es muy complicada de cumplir cuando estudian en el mismo salón, o trabajan juntos. Eso no hará más que prolongar la agonía, avivar una y otra vez los sentimientos hacia él, ponerte en riesgo de que —si él te busca— vuelvan a pasar cosas entre ustedes, porque si te dice cosas bonitas o halagadoras tendrás muy poca resistencia a decir “no” y querrás al menos por un instante “fugar” de la dolorosa realidad de que todo se acabó, renunciando acaso a tu propia dignidad. A veces lo mejor es dejar de estudiar por un tiempo o renunciar al trabajo… pero si eso es imposible, tendrás que mantener tu distancia con firmeza y será bueno que toda vez que puedas, en las vacaciones sobre todo, te vayas de viaje, te alejes de todo lo que te recuerde a él…

Otra de las recomendaciones básicas es esta: ¡dile a tus amigas que te ayuden, y que no te estén contando o comentando de él!

b. Aceptar el dolor de la separación

Todo sería más fácil si no nos doliese, pero duele. Y como me decía una de aquellas jóvenes arriba mencionadas, «es que no quiero sufrir». Lamentablemente eso es imposible. De todas maneras vas a sufrir. Sufres si terminas la relación, pero sufrirás también si la mantienes, aunque en ese caso cuentas con “dosis” de una falsa felicidad o placer que por momentos te hacen olvidar todo el dolor que sientes, tus temores e inseguridades. Pero tú sabes que eso es mantener la herida abierta y desangrarse lentamente. Luego es peor, los celos y la inseguridad te matan, no puedes estar sin él, tú misma empiezas a degradarte y avergonzarte de ti misma, a despreciarte incluso, a creer que ya nadie te va a querer, que no mereces ser amada…

Lo mejor es aceptar el sufrimiento con paciencia, con serenidad, y no permitirte de ninguna manera “aliviar” ese sufrimiento mandándole un mensaje, llamándolo por teléfono o hablando nuevamente con él. Debes resistir con firmeza, con tenacidad, porque si no tu herida nunca va a cerrar y cicatrizar. Necesitas mucha fuerza de voluntad para no ceder en esto que parece tan pequeño («¡es tan solo un mensaje!») pero que tiene la fuerza de hacer volver todo el pasado y mantenerte atada y esclavizada a una persona que no te conviene. El único camino para sacar de tu corazón eso que sientes es mantenerte firme y dejar que el tiempo pase. El tiempo de verdad lo cura todo si tú te mantienes firme, ¡créeme!

Así, pues, sé valiente, asume el dolor de la separación con coraje. Si te sientes débil, busca tu fuerza en Dios, ¡reza!, ¡pídele a Él las fuerzas que necesitas! Él te dará esa fortaleza para resistir, para pasar esta prueba, para cargar con este sufrimiento mientras tu herida va curando, sanando, hasta que quede ya tan solo una cicatriz que ya no duele.

Para terminar, queremos decirte que lo peor que puedes hacer cuando terminas o te terminan una relación es quedarte tirada en tu cama viendo novelas, soñando además que el protagonista es tu hombre ideal. ¡Nada de eso! Aunque no tengas ánimos para nada, busca algo que hacer, no te abandones, no alimentes tu melancolía viendo novelas románticas. En vez de abandonarte o encontrar una fuga en esas películas, ¡lucha! Quizá pienses que no tienes fuerzas, pero no es verdad: ¡todos las tenemos! ¡Despierta esa fuerza que hay en ti y lucha por no abandonarte a la tristeza, a la melancolía! ¡No te quedes sin hacer nada y pensando en él cada vez que algo te recuerde lo que pasó entre ustedes o lo que pudo pasar o podría pasar «si tú lo cambias»!

c. Adáptate a un ambiente en el cual él no esté presente, aprende a vivir sin él, retira la “energía emocional” que antes le dedicabas a él e inviértela en nuevas situaciones o relaciones.

Te ayudará mucho ocupar tu tiempo en cosas productivas, en salir a divertirte sanamente con tus amigas, dedicarle tiempo a cosas que te apasionan o te interesan, como investigar, escribir… sal de ti misma y ayuda a los demás, hazte parte de un proyecto, inscríbete en algún voluntariado, etc. etc. Mientras menos tiempo de ocio tengas, mientras más tengas tu mente ocupada en cosas que te distraigan, menos tiempo tendrás para estar pensando en él, menos probabilidades habrá de que te hundas en un estado de melancolía y menos fuerte se hará la tentación de llamarlo o buscarlo.

¡Los ejercicios son muy buenos también! ¡Muévete! ¡Haz algo de deporte! ¡Verás cómo eso te ayuda!

Pureza y Sexualidad, P. Jürgen Daum

3 comentarios

Archivado bajo Preguntas frecuentes

3 Respuestas a “¿Qué hacer si la relación me hace daño? Tips y consejos…

  1. Brenda

    Excelente articulo. Sin dudas es asi el proceso. Me encuentro en el y es duro. Tal cual como lo describen y a veces peor. Pareciera que no hay salida hacia atras, porque ya no se puede repetir la historia y q sea como anhelabamos.. Ni salida hacia adelante, porque es durisimo pensar un futuro en el q ya no esta la persona con la cual lo soñaste. Y estar asi duele, entristece el alma. Aceptar! Es lo mas dificil. Les comparto que hago mi mejor esfuerzo en varios de los consejos que dan y veo como va creciendo una lucesita de esperanza que capaz no es ni hacia atras ni hacia adelante pero es hacia arriba… con la mirada en Jesus. Y confio que el me va a fortalecer y acompañar en esta situacion. Hasta sacarme completamente de ella. Debo mantenerme firme en mi desicion porque mi corazon sabe que es lo mejor. Asi que les pido oracion a quienes leen esto. Dios es el unico que me alivia en esta situacion.. sin El no podria haber dado ni el primer paso. Duele porque involucramos el corazon, la vida misma, sueños y anhelos. Hay otros que entregan mucho mas como dice el articulo. Y finalmente fracasa todo. Y parece desmoronarsele la vida a uno. Pero Jesus te infunde animo! Te da esperanza de que hay algo mejor para vos. Y asi confio que sera… Si mis planes se derrumbaron mejor dejarle a Dios cumplir sus planes conmigo. Porqye los planes de Duos son perfectos. Asi que a seguir la lucha! Junto a JESUS. Mil gracias por el articulo me ayuda a seguir sosteniendome. Bendiciones. (Brenda 26 años Bs As)

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