“Dios me demostró que Él hace todas las cosas nuevas y mejores”

¡Dios todo lo hace nuevo, te devuelve la paz y la alegría del corazón!

¡Dios todo lo hace nuevo, te devuelve la paz y la alegría del corazón!

Mis papás se divorciaron cuando yo era pequeña. En ese momento, algo dentro de mí se rompió. Aún así, a pesar del fracaso de mis padres, crecí siempre anhelando una familia unida y numerosa, en la que reinase el amor verdadero y duradero. Sin embargo, mis decisiones equivocadas me estaban llevando a reeditar en mi propia vida el fracaso de mis padres.

El día que cumplí 18 años perdí mi virginidad de una manera triste y extraña. En ese tiempo salía con un chico mucho mayor que yo. Él vivía solo y me invitó a su departamento dónde supuestamente me había organizado un fiesta sorpresa para mí, pero no hubo torta, los amigos nunca llegaron, así que por la pena que sentía y el “cariño” que él me brindaba accedí a tener relaciones sexuales con él. ¡GRAVE ERROR!

Luego de eso entré en un círculo vicioso de búsqueda desordenada de cariño. Al año él terminó la relación porque, obviamente, nunca me tomó en serio. Yo, por mi parte, no concebía la separación. ¡Yo estaba convencida que me casaría con él! Cuando me dejó sentí que nunca nadie más me iba a querer por no ser virgen y, además, no concebía la idea de estar con otro chico.

Mis amigas de la universidad me veían tan triste que me animaron a viajar a Estados Unidos con ellas en las vacaciones. Accedí pero obviamente no quería saber nada con los chicos. Bueno, me duró poco esa idea porque allá empecé a salir con un estadounidense. Era divertido y sobretodo muy atento. La pasábamos bien juntos. Creí que realmente era el adecuado para mí. Después de una de nuestras salidas me llevó a su casa y nuevamente caí en el círculo vicioso de las relaciones sexuales. Me consolaba diciéndome a mí misma que no había problema, pues “me quedaría con él para siempre”.

Un día le pregunté hasta cuando duraría lo nuestro y me respondió: “take it easy, it’s just a winter’s love” (“tranquila, solo es más que un amor de invierno”).

Me destrozó el corazón y me bajó de mi nube. Nunca más lo volví a ver a pesar de las rosas, regalos y demás cosas que me mandaba para reconquistarme.

Pasó un mes y conocí a otro chico, él era mucho más maduro y sabía lo que quería. Salimos y a la semana acepté ser su enamorada y obviamente el siguiente paso eran las relaciones sexuales. Yo ya me había acostumbrado a eso y me parecía algo normal pues todas las de mi edad lo hacían, pero me remordía la conciencia y me sentía de lo peor por hacerlo. Antes de regresar a mi país me propuso matrimonio y obviamente acepté. Teníamos una relación por teléfono e internet. En el fondo yo no estaba convencida de que él era el adecuado para mí.

Ya en mi país un amigo me invitó a un rosario, fui solo por curiosa y me encantó ver a gente de mi edad rezando y coordinando campañas de ayuda social, pero sobre todo me impactó la luz de sus ojos, la felicidad verdadera que irradiaban. Empecé a ir los sábados y ahí conocí a otro chico. Él era distinto, especial, muy inteligente. Nos hicimos muy amigos. Un día comenzamos a hablar sobre la familia, me dijo que su anhelo era tener muchos hijos. Yo le dije que en mi caso era distinto pues con mi novio teníamos otras prioridades y eso implicaba tener uno o máximo dos hijos. Luego me dijo que le parecía extraño, pues me escuchó admirarme y vio como me brillaban los ojos al ver a una familia numerosa y unida. No supe qué decir e inmediatamente le cambié de tema. Por dentro me cuestionaba, así pasaban los días con él, aprendiendo y deslumbrándome por todo.

Un día le pedí que me ayudara a buscar a “un Padrecito buena gente” para confesarme, pues no lo hacía 3 años atrás. Y así fue, me llevó con el indicado. El Padre me ayudó, me dio mucha confianza durante la confesión y pude contarle todo. ¡Cuánta alegría sentí cuando salí del confesionario! ¡Sentía un gran alivio y una paz inexplicable!

Desde ahí mis opciones de vida cambiaron. Terminé con el estadounidense, terminé la carrera universitaria y me distancié un poco de este amigo, porque ambos empezamos a sentir cosas especiales pero en ese momento de mi vida era necesario que yo me encontrase más conmigo misma. Quería entender qué era lo que Dios anhelaba para mí, que en realidad era lo que me haría feliz. Se lo expliqué, él me entendió y no nos vimos por un buen tiempo.

Pasó un año y nos encontramos nuevamente en unas jornadas católicas. Él se alegró de verme contenta, convertida, reconciliada. Empezamos a salir y pues luego nos volvimos enamorados. Había momentos que se me hacía difícil controlar mis deseos de ir más allá, pero él me ayudó. Tuvimos que optar por medidas radicales como no estar solos en su casa o en la mía por mucho tiempo, no besarnos de manera apasionada, etc. Nuestros amigos nos ayudaron mucho y sobre todo la fuerza de voluntad que Dios nos daba a través de la oración. Rezábamos mucho juntos y también nos divertíamos, salíamos a bailar, al cine, al parque, a comer con amigos. Era la relación que siempre anhelé, divertida, verdadera y pura. ¡Cuánta alegría sentía! Dios me había devuelto la pureza espiritual, era como empezar todo de cero y de una mejor manera.

Para no hacer esta historia muy larga, con el tiempo nos comprometimos y luego nos casamos. ¡En verdad les puedo decir que ese día fue el más feliz de mi vida!

Yo la verdad pensaba que Dios jamás perdonaría haberle fallado tantas veces con distintos chicos, pensé que no sería digna de un buen hombre que me amase de verdad. Dios me demostró que Él hace todas las cosas nuevas y mejores. De verdad,

Dios sobrepasa todas las expectativas y cuando vuelves a Él humilde y arrepentida, te da mucho más de lo que tu corazón anhela, porque entiendes que no se trata de merecerlo o no, se trata del amor que Él te tiene, un amor que es más grande que tus pecados, un amor que es INCONDICIONAL, un amor que no te señala todo lo que hiciste para condenarte sino que se conmueve al ver tu corazón herido, buscando sanar tus heridas para que puedas amar nuevamente y ser amada de verdad.

Ya han pasado 10 años desde que perdí mi virginidad y no puedo creer todo lo que Dios ha hecho en mi vida. Hoy soy madre de una linda niña, esposa de un buen hombre y con la bendición de Dios mamá de muchos niños más. La familia no ha sido para mí un impedimento profesional, al contrario, el deseo de crecer en número es nuestro motor para crecer profesional y espiritualmente.

Finalmente, quiero dejarlos con esta gran verdad que una vez escuché, que me ha inspirado y me inspira cada día: “¿Cuál es el secreto que hace mantenerse unidos al hombre y a la mujer para siempre? ¡El secreto es CRISTO!”

B., 28 años, ¡esposa y madre feliz!

Testimonio escrito para La Opción V

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4 comentarios

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4 Respuestas a ““Dios me demostró que Él hace todas las cosas nuevas y mejores”

  1. Angélica

    Waooo, que hermoso testimonio, que bueno es conocer personas que tomaronuna opción contracorriente y que han demostrado que no es una pérdida de tiempo, que es el camino seguro, me has alentado a seguir firme, me has dado esperanza de seguir esperando en el Señor y de ser feliz con esta opción que he tomado.

  2. Rosa María Palestina Méndez

    es tan raro ver que los jóvenes se expresen así de Dios que da gusto saber que todavía hay jóvenes creyentes y que se puede cambiar de vida.

  3. María Isabel

    Ya saben chicas …Cuidado con los extranjeros y con los autóctonos que picaflores los hay por donde sea.

  4. Johanna

    Bendiciones para todos. Definitivamente Dios es maravilloso. En mi caso lo que EL ha hecho por mi es mucho mas que restaurarme, soy una nueva persona en todos los sentidos. Nada se compara con saber que nuestro Padre nos ama y aunque en el pasado cometimos muchos errores El nos toma, nos limpia y nos enseña a vivir, nos da la oportunidad de hacer las cosas de la manera correcta. Por la sangre de su Hijo somos limpios, puros, volvimos a nacer. Que bendicion es conocerlo y saber que en El siempre se puede volver a empezar.

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