¿Qué nos puede enseñar la pornografía sobre el amor?

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Esta es la cuarta contribución al simposio de Análisis Interuniversitario “El sexo y la Polis: Perspectivas sobre el matrimonio, la familia y la ética sexual”. Para más perspectivas sobre este tema, visita nuestra sección “StudentVoices” que argumentan sobre cada contribución del simposio.

La genialidad de la película lanzada por Joseph Gordon-Levitt’s en setiembre, “Don Jon”, es que a pesar de la incómoda cantidad y naturaleza de las escenas de sexo explícito, entrega un mensaje mucho más sutil y significativo que el primero supone.  Enclavado en medio de lo que al comienzo parece una denuncia moral sobre los daños de la pornografía, se encuentra el verdadero quid de esta película: una poderosa declaración sobre las relaciones correctas.

Gordon-Levitt, quien dirigió y escribió esta película de 90 minutos, interpreta a Jon Martello Jr., un barman de Nueva Jersey cuya vida gira en torno a su cuerpo, su libreta, su auto, su familia, su iglesia, sus chicos, sus chicas… y su pornografía. Apodado “Don Jon” por su habilidad para atraer constantemente a su cama a la escena del club local “10s”, Jon tiene un papel de liderazgo intrigante como una criatura de hábitos desconcertantes. Un joven que casi todas las noches duerme con diferentes mujeres hermosas, le gusta pasar la aspiradora a sus alfombras y se confiesa semanalmente los domingos antes de misa, Jon encarna la matriz matizada en la que muchas adicciones a la pornografía de los hombres metastatiza.

Gordon-Levittrocía es la narración de Jon en una historia sobre lo que es y no es el amor en última instancia, comenzando con una serie de encuentros de una sola noche, moviéndose a través de una relación sustancial que termina eventualmente con BarbaraSugarman, una obsesionada con las comedias románticas, para culminar en una relación con un final feliz con Esther (Julianne Moore), una mujer de mediana edad. “Don Jon” sin duda abarca el espectro de las relaciones.

La pornografía alienta el ver personas como objetos

Lo primero que hay que decir –y esto no pudo quedar más claro en la película- es que ver pornografía fomenta una tendencia neurológica psicológica para deshumanizar a las personas que aparecen en el material pornográfico.  Bastante evidencia de la ciencia social confirma esta afirmación, que el sentido común hace casi evidente.

Ver a los seres humanos como objetos es subvertir su calidad de personas al desestimar o ignorar algunos aspectos de la misma a fin de utilizar más fácilmente algún otro aspecto para lograr la satisfacción propia. ¿Qué es la pornografía sino la separación de todo lo que hace al sexo algo bello de su dimensión puramente animal?

En el material pornográfico, los actores son deliberadamente presentados como meras herramientas: objetos que, con el fin de inducir y aclimatar la lujuria –la desintegración entre los propios apetitos sexuales y el carácter de persona- en las mentes y los corazones de los espectadores. Los estudios han indicado que, cuando los hombres ven pornografía, el área del cerebro que regula el empleo de las herramientas en el logro de una tarea- en otras palabras, la utilización- se ilumina.

Hay una separación natural entre los deseos de una persona, por un lado, y su incapacidad para consumar estos deseos, por el otro. En las relaciones adecuadas, esos deseos son correctamente ordenados para un bien adecuadamente entendido. El material pornográfico distorsiona el deseo por un lado y ofrece un pase a través de esa distancia usando el camino rápido de la indulgencia fantasiosa. Por otra parte, el material pornográfico deforma los deseos eróticos orgánicos, avivando las llamas del deseos con imágenes que son, para decirlo de manera sencilla, irreales.

La pornografía fomenta expectativas relacionales irrazonables y dañinas
A través de estas indulgencias fantasiosas, uno huye del proyecto abrumador y de toda la vida del trabajo para la comunión interpersonal real. El adicto a la pornografía rechaza o ignora las cualidades reales de personas reales que ofrecen la posibilidad de que las relaciones románticas reales, en favor de fantasmas sexualizados.

Así, la fantasía se convierte en el estándar para la realidad, desplazando a la persona en sí –cuya esencia es tanto corporal como inmaterial- con las representaciones pseudo-eróticas y lujuriosas de otra.

Jon y Barbara, cuya relación romántica ocupa la mayor parte de la película, son ambos prisioneros de estos exigentes simularos de la intimidad humana. La pareja, cada uno absorto en sus huecas representaciones ficcionales de la realidad –uno en la pornografía, otro en la comedia romántica- se sienten incapaces de satisfacer las demandas tácitas en una relación que está condenada al fracaso desde el principio.

La pornografía es adictiva

Pornografía –el clímax inducido sí que estimula la liberación de dopamina, el neurotransmisor liberado a través de la ingesta de sustancias adictivas que también induce las posteriores ansias para una repetición. A diferencia de un encuentro sexual humano, sin embargo, el clímax inducido por la pornografía no libera endorfinas, que son los químicos que transmiten sentimientos de satisfacción y alegría. El ciclo orgánico de la expresión sexual es por lo tanto frustrado por la pornografía.

Además, a diferencia de sustancias químicas –que el cuerpo procesa y eventualmente elimina- la pornografía se quema a sí misma en el cerebro, donde también crea nuevas vías neurológicas que alteran y dictan las propias expectativas de todas las interacciones sexuales de acuerdo a las expresiones usualmente violentas y pervertidas comunes en la pornografía “hard-core”.

Así, los consumidores de pornografía están preparados para convertirse en víctimas de una ley biológica de rendimientos decrecientes. A cambio de una sensación extrema, los espectadores son atraídos a expresiones pornográficas más frecuentes y más violentas, a menudo terminando adictos a contenido que ellos mismos encuentran abominables, como la pornografía infantil o el sexo en grupo.

Finalmente, después de cortejar a Barbara hasta satisfacerla –un cortejo que incluye acompañarla a ver comedias románticas al cine, donde Gordon-Levitt intencionalmente presta atención en la mirada embelesada y anhelante de Johansson hacia el modelo de relación mostrado en la pantalla –Jon finalmente tiene relaciones sexuales con Barbara en su apartamento. Pero incluso después de haber esperado todo un mes por eso, Jon se siente insatisfecho. Entonces, como de costumbre, se escabulle a masturbarse frente a su computadora mientras Barbara duerme. Sin embargo, ella se despierta y lo atrapa en el acto.

Jon es física y psicológicamente incapaz de consuar sus deseos en los encuentros humanos reales. Es adicto a la adrenalina que llega de la búsqueda de chicas “perfectas” en Internet, cuyas acciones cumplen cada uno de sus deseos. Él es adicto a la caza de una saciedad cada vez más difícil de hallar; ya en las primeras escenas de la película él es incapaz de crear intimidad real, una comunión de persona a persona (más que de cuerpo a cuerpo). Ha sido tan fracturado por tantas horas de masturbación pasadas delante de la computadora que no posee suficiente de sí mismo para hacer un regalo de su amor.

Ese es el efecto secundario de la droga más popular y rentable del mundo: La pornografía en Internet.

La salida

Después de que Jon promete a Barbara que dejará de ver pornografía, la comienza a ver desde su celular mientras está en clases en la noche, donde se encuentra con la otra estrella femenina de la película: Esther. Los primeros intercambios entre Jon y Esther son normales; pero después de que Barbara descubre una serie de sitios pornográficos en el navegador web de Jon y rompe con él, la relación de Jon y Esther comienza.

Esther y Jon tienen una relación inusual. Por un lado, sus interacciones no son el fruto del método de cualificación de las discotecas que usualmente usa Jon; por el otro, su relación empieza en la amistad. Eventualmente, a través de una serie de encuentros físicos y tras la revelación de Esther de que su esposo e hijo murieron 14 meses antes en un accidente, la escena clave de la película ocurre.

Poco después de que Esther le diga a Jon que si se quiere perder a sí mismo, tiene que perderse primero en una persona, los dos se unen en lo que es la única (y por tanto más incómodo, debido a ser más privado) escena de amor de la película. Aunque distorsionada por la entrega incompleta de la fornicación, aquí hay dos personas que tienen toda la persona del otro en su mente: no solo sus cuerpos.

Jon siente que, por primera vez, ha encontrado el amor. Él ha encontrado a una persona, con todo su equipaje de faltas y su pasado, él se ha compartido a sí mismo con ella y la recibió a cambio. Este es el comienzo de una relación real. En esta relación, Jon encuentra dentro de sí mismo la capacidad de entregarse de una manera que ni él ni Barbara, encerrada en sus fantasías aisladas, jamás podrían.

Después de esa escena, Jon conduce de nuevo a su apartamento cantando “GoodVibrations”. Más tarde comunica feliz a su confesor que se ha abstenido de la pornografía. Le informa a sus amigos que, por primera vez, está enamorado. No va a su rutina de levantamiento de pesas en el gimnasio, escogiendo en su lugar ir a jugar con sus amigos; para interactuar con personas en lugar de con cosas inanimadas.

En el análisis final, “Don Jon” no es una denuncia moral sobre los daños de la pornografía. Es, ante todo, un comentario sobre la relación correcta y los muchos hábitos incrustados culturalmente que paralizan dichas relaciones. Entre estos hábitos, sin embargo, el consumo de la ponografía es especialmente destructivo debido a su naturaleza inherentemente adictiva, deshumanizante, de auto fractura y de volver objetos a las personas.

Gordon-Levitt enlaza consistente aunque sutilmente la película con mensajes sobre la materialización, superficialidad, insularidad, egoísmo, inmadurez y miedo –todas las cualidades que se fomentaron y expresaron en la ingesta incontrolable de pornografía de Jon.

Teniendo en cuenta que hay 40 millones de usuarios regulares de pornografía online en Estados Unidos, y que la relación contemporánea es más patética que nunca, “Don Jon” presenta un mensaje oportuno y crucial sobre los hábitos que impiden el florecimiento humano y bloquean la auténtica comunión. Si el Don puede recordar al espectador alguna moraleja sobre esta historia, es el mismo mensaje que otro hombre enseñó al mundo hace dos mil años: Para encontrarte a ti mismo, debes darte a los demás.

Nada es menos conducente para el cultivo de la caridad que la pornografía.

Michael Bradley es un estudiante de filosofía y teología en su último año, en la Universidad de Notre Dame. Es el editor en jefe del periódico estudiantil independiente de Notre Dame, el IrishRover, jefe de edición de EthikaPolitika, y miebro de la lista de honor 2013-2014 ISI.

Fuente: http://www.intercollegiatereview.com/index.php/2013/12/02/what-can-pornography-teach-us-about-love/

1 comentario

Archivado bajo Artículos

Una respuesta a “¿Qué nos puede enseñar la pornografía sobre el amor?

  1. Es cierto que hay muchas escenas sexuales. Sin embargo no se me ocurre algo más oportuno que remitirme a San Pablo: “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. En ese sentido, una película donde un hombre ha encontrado -a pesar de caer en la entrega incompleta de la fornicación- que para encontrarnos debemos negarnos a nosotros mismos, como dice Jesucristo. No quiere decir, pues, que lo que Bon hace no esta mal, sino que le ha servido para darse cuenta de que uno debe renunciar a uno para encontrarse. Así, pues, donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.

    Daniel Sanabria,
    Director del Proyecto CastidadPosible.
    Maracaibo, Venezuela.

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