¡No podrás conquistar la cumbre del amor puro si antes no te conquistas a ti mismo!

aprende a decir NO

C.S. Lewis, más conocido como el autor de Narnia, decía con mucha sabiduría y sensatez:

«Cualquier felicidad… requerirá una gran cantidad de restricción; así es que el reclamo que hace todo deseo, cuando es fuerte, de que es saludable y razonable, no cuenta para nada. Toda persona sana y civilizada debe tener un conjunto de principios por los cuales elige rechazar algunos de sus deseos y permitir otros. Una lo hace sobre la base de principios cristianos, otra por principios higiénicos, otra por principios sociológicos. El verdadero conflicto no es entre el cristianismo y la “naturaleza”, sino entre los principios cristianos y otros principios en el control de la “naturaleza”. Porque la “naturaleza” (en el sentido del deseo natural) tendrá que ser controlada de todas maneras, a menos que queramos arruinar toda nuestra vida».

Un tema muy importante, para quienes hemos hecho La Opción V, es educarnos en la restricción, es decir, aprender a decir “no” a aquellos deseos o reclamos de nuestra naturaleza que, si dejamos que tomen el control de nuestras vidas, se volverán contra nosotros mismos, haciéndonos daño y poniéndonos en riesgo de arruinar nuestra vida entera y la de otros.

Hay quienes gustan lanzarse al mar desde peñones muy altos. Les atrae, les fascina, les produce adrenalina. Pero, ¿quién de ellos no se cerciorará de que el lugar en el que irán a caer tiene la suficiente profundidad para poder recibirlos sin peligro alguno? Si no conocen la profundidad de la zona, harían bien en tomar las cosas con calma y ver primero si hay rocas escondidas bajo la superficie del agua o si las aguas son suficientemente profundas.

Este ejemplo sirve para ilustrar que no es prudente actuar en base a lo que vemos “a primera vista”, en base al atractivo que nos produce algo en un instante o al deseo que despierta alguien en nosotros. Por eso es importante aprender a decir “no” a los impulsos o deseos que surgen en nosotros en un primer momento. No podemos hacer cosas simplemente porque “me gusta”, “me atrae”, “me provoca” o “me seduce”, a menos que queramos arruinar nuestro futuro. Claro que “saltar” me da una dosis fuerte de adrenalina, pero ¿qué me espera al final de esa excitación de momento? ¿Un peñón escondido bajo la superficie del agua? ¿El fondo marino, de poca profundidad? ¿Un duro golpe, un daño irreparable?

Todos sabemos lo difícil que es negarnos algo a nosotros mismos, especialmente cuando una persona nos resulta tan atractiva o seductora. Restringirme implica en algunas circunstancias una lucha interna muy fuerte. Por ejemplo, negarme a comer un chocolate que tengo al frente cuando sé que me hará daño comerlo por razones de salud no es nada sencillo, y menos cuando tengo hambre, o cuando aparece tan delicioso y provocativo ante mis ojos, o cuando desde siempre me ha gustado el chocolate y hace tiempo que no pruebo uno. ¡Qué fácil es convencernos en ese momento, en esa situación, de que “no tiene nada de malo” comérmelo, de que “un chocolatito no me va a hacer daño”, o de que incluso “lo necesito”! ¡Qué fácil es “dejarse llevar” por el deseo de querer experimentar nuevamente ese placer! Y como luego de comérmelo no experimento un dolor de estomago punzante, sino una inmediata satisfacción, un efecto estimulante, un placer, un deleite, me convenzo a mí mismo diciéndome: “¿ves?, ¡no tiene nada de malo! ¡Al contrario!” Así la próxima vez que se me presente una oportunidad semejante, lo volveré a hacer.

Ponerme un freno, detenerme, decirme “no” en esos momentos, es una lucha difícil, complicada, y más aún cuando debo sostener ese “no” en el tiempo y formarme un nuevo hábito, un nuevo estilo de vida, distinto al que estaba acostumbrado y totalmente contracorriente.

Sin embargo, aprender a dominar nuestros deseos y restringirlos es una tarea esencial en nuestra lucha por conquistar el verdadero amor. Pero, ¿cómo hago eso?

La analogía con el entrenamiento físico necesario para participar de una competencia deportiva sirve de mucho. Nadie gana una medalla de oro en una competencia olímpica con solo soñarlo. Sin un entrenamiento perseverante, nuestros músculos se ablandan, se vuelven fofos y nuestras reacciones se vuelven lentas. La aspiración a obtener una victoria sin pagar el precio, sin asumir las exigencias físicas necesarias para ello, no nos llevará a ningún lado. Un entrenamiento lleva a asumir muchos sacrificios, renuncias, restricciones, a vencer límites y superarse uno a sí mismo continuamente para poder alcanzar la meta deseada. Un deportista que está decidido a ganar no hace ciertos ejercicios porque le gustan o deja de hacer otros porque no le gustan o porque le dan pereza. Hace los ejercicios que tiene que hacer, aunque le cuesten, aunque le den pereza, por una meta más alta, porque sabes que ese es el camino a la victoria. Con la repetición de esos ejercicios, y negándose todo aquello que pueda atentar contra su buen estado físico (fumar, tomar, salir a divertirse hasta altas horas de la noche, etc. ) sus músculos se fortalecen, sus movimientos se tornan perfectos y ágiles. Lo más probable que durante esas largas horas y días de renuncias y esfuerzo llevado hasta el límite no sienta una gratificación inmediata y hasta tenga el deseo de renunciar a todo, pero al mirar la meta nuevamente sabe que vale la pena todo el entrenamiento y que la gratificación suprema vendrá después, con el triunfo final.

Nuestra meta, nuestra victoria, es un amor puro, verdadero, maduro, sólido, capaz de durar para siempre. Enemigo principal de ese amor es la búsqueda de la gratificación inmediata, el no querer esperar, la renuncia a todo sacrificio, el dejarse llevar por lo que “me gusta” y “me da placer” en vez de esperar y asumir las exigencias y los sacrificios necesarios para alcanzar la meta.

Para entrenarme en la auto-negación no debemos esperar a estar en situaciones complicadas, pues lo más probable es que si no nos hemos entrenado antes, en esos momentos nuestra voluntad será demasiado débil para resistir a nuestros propios deseos o impulsos. Podemos entrenar y fortalecer nuestra voluntad aprendiendo a decir “no” a cosas que podemos desear legítimamente y que no nos hacen daño, por ejemplo, cuando quiero comer algo solo porque me apetece, puedo decirme “no lo comeré, hago un acto de renuncia a este gusto para fortalecer así mi voluntad”. Lo mismo puedo hacer renunciando a ver ciertas cosas (especialmente pornografía), o escuchar ciertas canciones o conversaciones, o hablar de manera vulgar o que falte al respeto a las mujeres, o a hablar mal de otros, etc. Así me voy entrenando a decirme “no” cuando se presente la tentación de dejarme llevar por aquello que “me gusta” pero que atenta contra mi pureza y el amor verdadero que quiero vivir.

Algunas situaciones concretas en las que debemos aprender a decirnos “no” a nosotros mismos/as son aquellas que siempre son la antesala de una caída. Por ejemplo: quedarme a solas con mi enamorado/a en un cuarto o en una casa. El “no” a la propuesta de la otra parte, empieza por el “no” a uno mismo/a. Son muchos/as los que, luego de hacer la opción por vivir la castidad, piensan: “ya me puedo dominar, hace tiempo que no ha pasado nada, las cosas están más que claras entre nosotros, así que no va a pasar nada”. Lamentablemente, han caído, porque somos frágiles, porque nuestra supuesta fortaleza de un momento para otro se convierte en debilidad. ¡Nadie es de piedra! El hecho de que “hace tiempo que no ha pasado nada”, o el que piense que “yo puedo controlar la situación”, o el que “estemos de acuerdo en vivir la castidad”, no hace desaparecer como por arte de magia nuestra propia debilidad o la fuerza de las pasiones, que una vez que se encienden por unos besos de más, se pueden volver incontrolables. La excesiva confianza en nosotros mismos y en nuestras propias fuerzas es la antesala de nuestras peores caídas. Por ello, lo mejor y prudente es decirnos y decirle a la otra persona: “no vamos a ese lugar”.

Otro ejemplo: besar a alguien o dejarme besar simplemente “porque me gusta”, sin que haya ningún tipo de compromiso serio y explícito. ¿Cuántas veces “nos dejamos llevar”, porque el beso nos produce un placer, una sensación agradable, despierta “cosas” en nosotros/as? Se ha perdido la conciencia de que también los besos son sagrados, y que por lo mismo no se los puede estar regalando a uno u otro solo para experimentar algo, solo “porque me gustas”. Es quizá una de las situaciones más complicadas en las que debemos entrenarnos en esta restricción.

Otro ejemplo: “sé que esta persona no me conviene, ya nos hemos hecho mucho daño en el pasado, la relación se ha terminado, sin embargo, lo o la extraño, me cuesta no mandarle o contestar un mensaje o una llamada, o aceptar una invitación solo para conversar como amigos”. Es una de esas situaciones en las que puedes y debes aprender a negarte a ti mismo, a ti misma, mantenerte firme especialmente en esos momentos en los que más ganas tienes de mandarle “tan solo un mensaje”, porque “siento mucha soledad y ansiedad”, porque “era mi apoyo”, o por la razón que sea. Aprender a decirme “no” y ser firme conmigo mismo/a es crucial en esas circunstancias y momentos. Así nuestra voluntad se va haciendo cada vez más fuerte.

En resumen, negarnos en materias legítimas, no dejarnos llevar por cualquier impulso o deseo, es un entrenamiento básico para poder vivir la castidad y alcanzar nuestra meta, que es el amor verdadero. Comprende que no podrás conquistar la cumbre del amor puro si no pones todo tu empeño en conquistarte a ti mismo/a primero.

P. Jürgen Daum, Director de LOV

 

* ¡Este Blog es un espacio creado para ti! Tú también puedes enviarnos tus preguntas, testimonio o reflexiones a laopcionv@gmail.com, con nuestro compromiso de guardar tu identidad en la más absoluta reserva. Con tu colaboración y participación podremos ser cada vez más quienes creemos que el amor verdadero sí existe, y que el camino para alcanzarlo es la castidad!

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4 comentarios

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4 Respuestas a “¡No podrás conquistar la cumbre del amor puro si antes no te conquistas a ti mismo!

  1. M.C

    Gracias Padre por darnos luces y por ayudarme a seguir perseverando, deberas todo lo que dice es muy cierto. Gracias porque se que no estoy sola en este combate. =)

  2. Hola padre, muchas gracias por todos estos consejos me han servido como polo a tierra para aterrizar a ciertas cosas que me estaban tentando, y que me empezaban a parecer normales ahora me doy cuenta de que actué bien y según mis principios y que aun tengo que tomar algunas desiciones importantes,muchas muchas gracias sus palabras fortalecen mi desicion y mi valor no solo en mi espera por el amor verdadero sino en mi vida personal sobre todo en estos momentos, 😀 mil gracias padre Bendecido con toda bendicion :3 Gracias OPCION V 🙂

  3. Pingback: Agradecimientos | La Opción V

  4. Jaime Abdala

    Efectivamente, las caídas surgen del seno del egoísmo, ese que nos hace sentirnos especiales frente los demás, por lo que dificulta conquistar el (amor) que nos lleve a la convivencia. Por la religión o por natural existencia el hombre nace solo pero no puede vivir solo; y algo mas nece para convivir si quiere vivir.

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