“Mi egoísmo pudo más que mi amor, por eso aborté”

Fue el momento más triste que alguna vez viví, y lo que viví después fue mucho peor aun...

Fue el momento más triste que alguna vez viví, y lo que viví después fue mucho peor aun…

Escribo este testimonio para aquellas mujeres hermosas que están pasando por una circunstancia especial de embarazo no deseado, lo hago como una reflexión, como un llamado, como una advertencia para evitar el más atroz de todos los crímenes, el más triste de todos. Éste es, sin duda —te lo digo por experiencia propia—, el que nos causa a nosotras las mujeres el mayor dolor, arrepentimiento y vergüenza: ¡EL ABORTO! No me es NADA FACIL escribir este testimonio, pero si al hacerlo puedo ayudarte en tu idea de que desistas, ¡lo volveré a recordar y escribir mil veces!

Hace 13 años salí embarazada del hombre que hoy es mi esposo. ¡Solo teníamos un mes de enamorados, y obvio, no nos interesaba esperar hasta el matrimonio! Ilusionados ya con nuestro futuro juntos, como muchos enamorados soñábamos con una vida grandiosa y de grandes éxitos. ¡Un hijo en ese momento no se ajustaba a ningún plan personal! Yo sentía que era muy pronto sobre todo para mi nueva relación. Sentí una profunda vergüenza si su madre se enteraba y sentí la misma vergüenza si mi madre se enteraba. En lo personal tampoco tenía los recursos para afrontarlo. ¡No podía ni mantenerme yo! Mucho menos podría mantener a un recién nacido, así pensaba en ese momento.

Mi enamorado tampoco apoyó la idea de tener a nuestro hijo y fue muy firme al decirme que no podíamos tenerlo. Él hoy también está profundamente arrepentido.

Sé que las personas que me hubiesen apoyado en todo momento eran mi madre y mi hermana, pero mi egoísmo pudo más que mi amor, y por ello tomé la triste decisión de abortar. Hasta hoy recuerdo aquél día. Fue el momento más triste que alguna vez viví, y lo que viví después fue mucho peor aun. Del “procedimiento” no salí sintiéndome mejor, sino por el contrario, me sentí mal no solo físicamente por los sangrados, sino también por considerarme una mujer despreciable, sucia, totalmente miserable, egoísta, porque al final, siendo sincera conmigo misma, aborté solo porque pensaba en mí. ¡Pero así de ciegas nos vuelve el egoísmo, que antes de abortar pensamos que eso “es lo mejor” para nosotras!

Al abortar perdí la paz en un momento. Es una sensación extraña, nunca antes lo había sentido, y nunca más lo he vuelto a sentir. Lloraba sin cesar, no podía perdonarme a mí misma por lo que había hecho, creí que iba a morir de tristeza, por falta de paz. Sentí un dolor inmenso y directo en el corazón, tan grande que no podía hablar, ni reír. Sólo podía llorar. Quería morir, quería escapar de mí misma.

Cuando dañas intencionalmente a otra persona tienes la opción de pedirle perdón y seguir con tu vida o también de alejarte y no volverlo a verlo, esconderte o huir. Pero, ¿cómo podía pedirle perdón a mi hijo? ¿Cómo podía huir de mí misma? ¿Cómo podría huir de mi conciencia? Y, si eres creyente, ¿cómo podía huir de Dios? Simplemente NO PODÍA.

Hoy soy madre de dos niños: uno de ocho años y una de cuatro. Son, después de Dios y junto con mi esposo, mi vida entera, mi ilusión de volver siempre a mi hogar después del trabajo, mi alegría. ¡No hay día que no los abrace y les diga lo mucho que los amo, y lo feliz que soy de tenerlos! Pero no dejo de pensar también mucho en el hijo que rechacé y cómo hubiese sido nuestra vida feliz con él.

Tener un hijo conlleva una gran responsabilidad, pero con ellos viene también un gran aprendizaje de vida, y un gran amor sin condiciones, un amor natural que nunca pide nada a cambio, ¡un amor puro y limpio que hoy entiendo viene de Dios! Hoy entiendo también que vienen a nuestras vidas no para hacerlas más difíciles, sino para hacer un verdadero descubrimiento de nosotras mismas: del inmenso amor y sacrificio que somos capaces de desarrollar por el hijo.

Hoy quiero decirte que no hay tormenta, por más grande y destructiva que sea, que no traiga después la calma. Puede que te sientas en una de esas tormentas y ahora estás esperando un hijo “no deseado”. Nuestros hijos, aún cuando vengan “por accidente”, son como dice la canción: ¡Palomas mensajeras que el Señor mandó del cielo para hablarnos de su amor! ¡NUNCA UN ERROR QUE HAY QUE “BORRAR”!

B. K.

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Testimonio escrito para La Opción V

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