Esas canciones y bailes distorsionaron mi aproximación a las mujeres, las veía y trataba como si fuesen “perras”…

¿Perreo es  libertad? ¿Respeto? ¿Cariño? ¿Cuidado? Nada de eso...

¿Perreo es libertad? ¿Respeto? ¿Cariño? ¿Cuidado? ¡Nada de eso!

¡Hola! Quería compartir con ustedes una experiencia que me parece importante que la consideremos todos aquellos que hemos hecho La Opción V… y es sobre el reggaetón. Cuando recién apareció el reggaetón yo tenía 16 años. Recuerdo que la primera canción que empezó a sonar en las fiestas era “La Gasolina”, de Daddy Yankee. A mí, en general, siempre me gustó bailar, tanto que participaba en el grupo de danza de mi colegio. Bailaba salsa, merengue, tango, bailes típicos peruanos y de otros países. Desde siempre he considerado el baile como un arte, como una expresión de alegría, de armonía, de ritmo, de orden, de comunicación (por ver bailar a una persona puedes conocerla bastante).

Cuando empezó a sonar “La Gasolina” en las fiestas parecía que ya todos la conocían, ya que empezaban a gritar “uuuhhhh”. Bueno, justo en ese momento estaba bailando con una chica e intenté agarrar el ritmo. La verdad que era bien fácil para bailar y bien pegajoso. En un momento ya no sabía qué hacer. Seguía haciendo el mismo paso a cada rato porque, como les decía, era un ritmo sencillo. Vi que la chica se empezó a aburrir y entonces apliqué algunas vueltas que ya me sabía. Una vez terminada esta canción siguieron poniendo otras canciones casi idénticas, pero con distinta letra. Como el ritmo era tan pegajoso (ahora recién lo veo), me era difícil concentrarme en lo que decía la letra del canto, una letra que muchas veces rebaja a la mujer al nivel de objeto sexual. En un momento empecé a ver a mi alrededor para ver cómo bailaban los demás y me impactó muchísimo al ver que todos los hombres estaban con los cuerpos pegados al de la mujer todo el tiempo, y que en algunos casos hasta las volteaban y tenían un contacto directo con sus traseros.

Como era joven la verdad que no reflexionaba mucho en lo que hacía y decidí seguir la corriente para que mis amigos no pensaran que era un “pavo” como decimos en el Perú, es decir, un tonto, aburrido, o algo más despectivo. La experiencia fue de mucha incomodidad, hasta de cierta vergüenza, no solo por mí, sino también por la chica con la que estaba bailando. Me daba la sensación de que le estaba haciendo daño, que la trataba como si fuera un animal o una cosa.

Ahora que lo veo con más madurez me doy cuenta que era la voz interior de mi conciencia. Experimenté en aquella ocasión una ruptura con esa sabia voz interna, porque a pesar de que me decía que no estaba bien, yo no le hacía caso. Por violentar mi conciencia una y otra vez llegué a acallarla, acostumbrándome a algo que yo sabía que no estaba bien pero que me veía en “la obligación” de hacerlo en cada fiesta o discoteca a la que iba por el solo hecho de que los demás también lo hacían. Con el tiempo fueron canciones y bailes que me ensuciaron y ensucié yo mismo mi mente, distorsionando mi aproximación a las mujeres, tratándolas —es triste decirlo— como si fueran “perras” (¿de allí el nombre “perreo” no?).

Con el paso del tiempo reflexioné más sobre esta experiencia y dejé de bailar el “perreo” porque entendí que eso no es arte: es un insulto al arte. El arte verdadero favorece al ser humano, porque es expresión de la belleza interior del hombre. Ese “baile” lo único que hace es rebajar a la mujer, y con eso, se rebaja el hombre mismo a un nivel de “perro”.

Al escuchar por primera vez la canción de “La Gasolina” pienso ahora que la mayor expresión de belleza de mi propio interior hubiera sido seguir la voz de mi propia conciencia y no bailarla del modo en que la bailé, y no bailarla en absoluto.

Con esto quiero animarlos a escuchar esa voz que está ahí siempre hablándonos, que nos dice que “algo no anda bien”. Es una voz que muchas veces va contracorriente, que nos invita a no dejarnos llevar por el “qué dirán” o por el “imperativo” de tener que “quedar bien” con los amigos. Sólo quien sigue esa voz con coraje, a pesar de las burlas que pueda recibir, aprende a ser auténtico, él o ella misma, y no uno más del montón.

Les cuento que cuando decidí tomar esta decisión en las fiestas me divertía mucho más, porque podía ser yo mismo sin tener que demostrar nada a nadie. Me sentía simplemente LIBRE y EN SINTONÍA con mi voz interna, tranquilo con mi conciencia y en paz al saber que de esa forma estaba respetando a la mujer con quien bailaba a la vez que me divertía con ella.

¡No temas tú también ir contracorriente! ¡Vale la pena! A la larga ¡¡¡es MUCHO MÁS lo que vas a ganar!!!

B. D., 23 años, Perú.

Testimonio escrito para La Opción V

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1 comentario

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Una respuesta a “Esas canciones y bailes distorsionaron mi aproximación a las mujeres, las veía y trataba como si fuesen “perras”…

  1. Elle

    Hola ¿Qué tal?
    Me gustó mucho tu crítica, tienes una manera de pensar bastante buena, es agradable encontrarse esta clase de comentarios por la web. En efecto este estilo es degradante para las mujeres y también los hombres que lo bailan, creo que no hay ninguna canción si es que se le puede llamar así, donde las mujeres no sean tratadas como “gatas”, es un género para animalitos donde solo se habla de sexo mal hecho, estereotipos ridículos e incluso mal copiados, toda una vergüenza. El hecho de que hayas superado el que dirán habla muy bien de tí y de la libertad psicológica que posees, te felicito no hay nada mas dulce que ser original. Saludos

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