Quiero compartirles mi testimonio de aquellos días sin esperanza…

Muchos son los jóvenes que se hallan ante el vacío y sin esperanza a causa del desenfreno...

Muchos son los jóvenes que se hallan ante el vacío y sin esperanza a causa del desenfreno…

Al llegar a los 13 años mi cabeza estaba llena de frases, comentarios y slogans que confundían cada vez más mi frágil pensar. En 1er año de secundaria conocí a muchas compañeras, una de ellas ya había tenido relaciones sexuales con su enamorado. Yo al enterarme de esto me cuestioné mucho, me preguntaba: ¿Por qué tienen relaciones sexuales? ¿Es normal? ¿Esa es la famosa “prueba de amor”? ¡Yo quería descubrirlo!

Empecé a juntarme con ella y muchas compañeras más. Ellas se reunían en la casa del enamorado de aquella chica con más compañeros… Allí veían películas pornográficas, ¡y delante de todos empezaron a tener relaciones sexuales! Yo, confundida y cuestionada, me preguntaba por qué lo hacían. ¿Era bueno? ¿Es lo que la juventud hace? ¿Son felices? ¿O simplemente es normal porque son enamorados? En un momento un chico se me fue acercando. Yo me sentía muy presionada, las compañeras me decían: “es normal hacer esto, todos los jóvenes lo hacen”. Yo, confundida, me dejé llevar y acepté conversar con este chico que ya había conocido en el colegio. Me dejé besar por él, pero no resistí más y me fui, saliendo de ese lugar con muchos pretextos.

Al llegar a mi casa no podía ver a mi madre y a mi padre a los ojos, me sentí más sucia que “las parejas” que estaban teniendo relaciones sexuales. Al pasar los días me alejé de ellos y aquel chico. No le volví a hablar. Era tan feo era sentir AQUELLA SUICIEDAD EN EL INTERIOR, tan feo que no sabía a dónde mirar cuando me hablaban mis padres, y era en parte también porque había salido con mentiras pues quería ser “aceptada” en aquel grupo. Ellos me seguían buscando, pero yo los rechazaba.

En 2º y en 3º iba conociendo más sobre el tema del sexo y la sexualidad. Mis compañeros de salón hablaban mucho de eso y mis amigas también. Para entonces casi ya la cuarta parte de mi salón había perdido la virginidad y yo me sentía mal en aquellos tiempos, porque sólo hablaban de eso y yo no tenía nada que hacer en aquellas conversaciones. Estaba tan confundida que poco a poco iba aceptando esos comentarios y grupos de FALSOS AMIGOS.

Al llegar a 4º, siendo una mujercita de 15 años, iba a muchas fiestas “buscando conocer a más personas”. Pensaba que quizás así sería aceptada por los demás. Empecé a bailar reggaetón y los chicos en las fiestas me sacaban a bailar porque sabían que yo bailaba así. Luego me pedían mi correo y otras de cosas más. Yo me subía a una nube grande de fantasía, de la que no quería bajar. En las tardes paraba con muchas personas, no hacía las tareas, descuidaba mis estudios, ya no era más una niña… yo creía ser una MUJER.

En 5to conocí a un chico que antes había visto en una fiesta de promoción, a la cual me habían invitado. Él se comunicó conmigo después de meses de habernos visto en aquella fiesta y empezamos a salir. De lo único que hablábamos era de las personas que conocíamos, de lo bonito que iba ser estar de enamorados, porque la gente nos conocía e iban a decir que éramos “la pareja perfecta”. Yo me estaba dejando ilusionar…

El día que me pidió ser su enamorada me regaló una cadena y una placa con nuestras iniciales. Como la típica mujer tonta, me emocioné y dije: “¡Ay qué lindo! ¡De verdad me quiere!” Entonces acepté estar con él.

Al pasar las semanas él me besaba y me acariciaba cada vez con mayor intensidad. Yo, influenciada por las “amistades”, me dejaba llevar. De pronto, antes de cumplir siquiera un mes, me llevó a un hotel. Yo ni me imaginaba que me estaba llevando allí. Paramos en una esquina y me dijo: “Amor, creo que ya nos estamos enamorando, debemos avanzar y seguir con el siguiente paso: yo te amo, sé que serás la mujer de mi vida, sé que estarás conmigo siempre, sé que te amaré y que nunca te dejaré” y blablablabla. Yo, tonta, me dejé convencer. ¡ESE DIA PERDI MI VIRGINIDAD!

Después de eso él ya no me llamaba, no me buscaba ni nada. Pero yo decidí buscarlo y al caminar lo vi en el parque agarrado de la mano con una chica…

Mi corazón en ese momento se rompió en mil pedazos. No dejé de llorar, no dejé de decir LO MUCHO QUE LO ODIABA y no dejé de decirme a mí misma: “¡QUE TONTA FUISTE! ¡QUE TONTA FUISTE…! ¡MIL VECES TONTA, TONTA, TONTA!” Me odiaba en ese momento. No quería saber nada de nadie. Me sentía la mujer más utilizada y pisoteada del mundo. No quería verme al espejo, no quería salir a la calle. Así fue que mi corazón se volvió negro como la oscuridad de la noche y frío como el iceberg. Trataba mal a las personas, no era sincera con nadie y me hundía sola en mi dolor.

Pasaron meses y meses y un día entraron a mi salón los chicos de confirmación. Empezaron a hablar de “ENCONTRAR LA VERDADERA FELICIDAD CON CRISTO” y yo me dije: “Bueno, soy católica, y la profesora nos va a poner nota por ir a la confirmación”, así que decidí ir. Además, si YA LO HABIA PERDIDO TODO, era imposible seguir perdiendo más.

Me acuerdo muy bien como fueron las primeras semanas:

  • 1º charla: La crisis del mundo
  • 2º charla: El pecado… Esta charla describía lo que el pecado ocasionaba en mí, decían ellos que el PECADO ES UN ACTO SUICIDA y que el pecado destruía los anhelos y las ganas de vivir. Yo me identifique mucho y me puse a reflexionar, pero… todavía no me bastaba.
  • 3º charla: Las máscaras… ¡Wow! Me di cuenta que yo tenía una máscara y que por muchos años LA TUVE PUESTA y que no me dejaba ser feliz, y era aquella máscara de “la bacancita” a la que todos quieren porque es la más conocida, la más “divertida”, la “más feliz”. Fue como una cachetada en la cara pues me iban mostrando mi vida en cada charla.
  • ……..
  • 6º charla: El sexo. ¡Auchhhhhhhhh! Esta fue la gota que colmó el vaso. Ese día rompí en llanto… no dejé de llorar (a solas). Me había dado cuenta del daño que me había hecho y de lo horribles que habían sido mis experiencias.
  • 7º charla: EL PERDÓN. Ese día también lloré, pero lloré de alegría porque hablaban de Dios, que Él no ve tus pecados sino tu corazón, y yo al seguir las charlas me iba dando cuenta que ese corazón oscuro no era el mío…

Nos dijeron que Él murió por nuestros pecados para salvarnos, que no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Que es tan grande su amor que nos ama, así le hayamos clavado las manos y los pies, que nos ama a pesar de insultarlo, ignorarlo y olvidarlo, que su amor es más grande que toda la maldad de este mundo, y que su amor fortalece en el cambio a quien quiere ser amada de verdad.

Y en esa charla fue cuando yo me di cuenta que podía ser amada, que podía ser perdonada, que podía ser virgen por 2ª vez, que podía iniciar una nueva vida con su ayuda. Pero para ella, como católica, sabía que debía pasar por el confesionario… y no saben cuánto le agradezco al Señor por aquél padre que me confesó y purificó mi alma al perdonar mi horrible pecado, pues les confieso que tuve mucho miedo, pensé que me iba a gritar y que mínimo me iba a mandar hacer un Rosario de penitencia. Pero no fue así: mientras iba escuchando sus palabras llenas de misericordia y la absolución, las lágrimas que caían de mis ojos eran de alegría, pues esas palabras me sanaban y perdonaban. ¡Hoy les puedo decir con certeza que no hay más grande medicina que la Confesión para curar aquella enfermedad que destroza tantos corazones! ¿Y la penitencia? Leer un librito, Amor Puro, que junto con la confesión me cambió la vida!

Desde entonces hasta el día de hoy (han pasado casi 2 años), he ayudado a muchas jóvenes con este tema y quiero seguir ayudando a más, porque sé que este mundo cada vez se vuelve más pequeño para aquellos que viven desenfrenadamente. ¡Cada vez son más grandes mis anhelos de cambiar el mundo y de ayudar a jóvenes que, como yo, cayeron en este abismo oscuro!

Finalmente les confieso que al haber perdido la virginidad pensé que ningún hombre me iba a amar, o me iba a tratar con respeto y fidelidad. Soy joven, tengo 18 años, pero a través de los años, el Señor me mandó a un joven de mi edad que es de mi religión y que está comprometido con la Iglesia. Él sabe cómo fue mi pasado y sólo puedo decirles que el Señor me ama infinitamente porque a esta edad ha puesto en mi camino a un hombre que desde que está conmigo me ha enseñado a amar más al Señor, a rezar y a decir la verdad aunque cueste. No sé si él será mi futuro esposo, pero mientras esté con él yo decidí comprometerme con este amor, con este amor que me ha ayudado a ver lo hermoso que es amar con pureza.

Yo hasta ahora sigo luchando, no es fácil, pero ¡sí es posible! Con la ayuda de Dios y de un grupo de buenas amistades sigo luchando y luchando por una vida pura y digna del amor verdadero.

Z. I., 18 años, Perú.

Testimonio escrito para la La Opción V:
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3 comentarios

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3 Respuestas a “Quiero compartirles mi testimonio de aquellos días sin esperanza…

  1. Que linda noticia! Muchas Felicidades!!

  2. Confieso que leer tu testimonio me conmovió mucho. He experimentado ese perdon y ese amor misericordioso del que hablas, esa fuerza que encontramos en Jesús que nos ayuda a salir del pecado y limpia nuestra alma. Tu caso ayuda a muchas jóvenes a darse cuenta de que el corazón debe siempre ir acompañado de la razón, y que debemos estar con personas que compartan nuestra fe, que tengan nuestros valores y nos ayuden a ser mejores y que debemos vivir una relación en la que Cristo esté en el medio 🙂
    ¡Ánimo y fuerza, a seguir adelante!

  3. Enserio q me fascino tu historia, jejeje, PENSABA Q ERA EL ÚNICO Q HABÍA SUFRIDO, pero m doy cuenta q no fue así, sabes yo también espero q Dios me ayude a superar el dolor q aun cargo x dentro, en el fondo se q me lo merezco pero confió q mi señor me ayudara.

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